Catalina

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Coolhunter Diary

Era coqueta (¡mucho!), se reconocía guapa y tenía un sentido de la estética sublime. También tenía genio y un irónico sentido del humor, al que acompañaba un carácter desparpajado y carismático. Así era mi abuela Catalina, con la que conviví muchos veranos en un pueblo del Maresme catalán, y otros tantos domingos en su casa de Barcelona.

Lo recuerdo como si fuera ayer: después de comer macarrones, pasaba la tarde con ella viendo películas de Sissi Emperatriz y probándome todos sus tacones… Supongo que de ella me viene la pasión por la moda y mi incorregible afición a las cámaras.

Mi abuela Catalina vestía siempre de Tothom -allí todavía te recuerdan con cariño-, una de mis firmas fetiche que conocí gracias a ese top de terciopelo granate que heredé de ella y que hoy, para mi sorpresa, sigue marcando tendencia. También tenía una golosa colección de bolsos icónicos, que hoy conservamos con mucho cariño y pudor. Cati, así la llamaban sus amigos, tenía un ojo infalible para hacerse con piezas soberbias que no pasaban de moda.

Pienso en ella y enseguida me asaltan una infinidad de recuerdos. Algunos vagos y otros cristalinos, como aquellas asfixiantes noches de verano en las que me colaba en su habitación. No podía conciliar el sueño, y ella me tranquilizaba dejándome dormir en su cama a pesar del calor. Con razón me llamaba cariñosamente “mi pequeña estufa”.

También recuerdo nuestras charlas pre-adolescentes, que giraban sin excepción en torno a mi eterna pregunta: “Abuela, ¿cómo voy conocer a un chico si en mi colegio no los hay?”; ella sonreía y me decía “todo llegará” y, unos años después, me enseñó a ponerme las gotas de perfume justas para saludar al primer chico que me gustó. Recuerdo cómo ensayábamos el saludo frente al espejo de cuerpo entero que había en su dormitorio.

Estas líneas son mi pequeño y sentido homenaje a una mujer de armas tomar, a quien le debo hasta la emblemática forma de mis cejas. Porque no hay nada más grande que aquellos “consejos de chicas” que me regaló, aquellos primeros y titubeantes pasos que di sobre sus tacones, y aquellas noches en vela que me concedió.

Gracias a la campaña Euromillones, inspirada en el claim “No hay nada más grande”, por haberme brindado la oportunidad de recuperar un trocito de Catalina. Tú también puedes participar en esta bonita iniciativa, publicando en tus redes sociales un selfie con tu abuela. ¿El premio? Verte con ella en una lona gigante en plena Gran Vía madrileña (clica aquí y haz realidad tu sueño). Porque no hay nada más grande que su recuerdo.

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7 Comments
  • joseph

    21 Enero 2016 at 12:49 Responder

    Sigue escribiendo, nunca lo dejes por mucho que estes metida en las nuevas tecnologias, guarda un rincon para seguir escribiendo,sobre el pasado, el presente y el futuro. Gran iniciativa de euromillones esta campaña con las abuelas!. Felicidades Patricia,felicidades Catalina!.

  • marta

    21 Enero 2016 at 13:11 Responder

    Q bonito lo q has escrito!y tu abuela estilosisima!
    Preciosa esta campaña ??

  • DREW

    21 Enero 2016 at 14:07 Responder

    Me he emocionado al leerte…algunos de esos recuerdos son compartidos 😉 GRACIAS por este post y GRAN INICIATIVA de EUROMILLONES.

  • Mercedes

    21 Enero 2016 at 17:02 Responder

    Muy bonito y emotivo el
    Post!!Que elegante moderna y estilosa tu Abuela !!!

  • Luz

    21 Enero 2016 at 19:11 Responder

    Un post muy emotivo, sentido y en definitiva fantástico. Me encanta!!!!
    <3
    Besos

  • IM

    22 Enero 2016 at 00:26 Responder

    Bonito post!

  • Inés

    23 Enero 2016 at 00:19 Responder

    Ohhhhh!! Gran poooost! No dejes nunca de escribir!! Qué recuerdos también los míos!! Tantas tardes en casa de los abus!! Lo que tuvo q aguantar Cati!!
    Besado enorme!!

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